Los
alimentos funcionales son los que tienen componentes biológicamente activos beneficiosos en determinadas funciones orgánicas, que mejoran la salud o disminuyen el riesgo de sufrir enfermedades. Como explica José Antonio Mateos, director del programa Nusa (Nutrición y Salud) de Danone, se clasifican en
prebióticos y
probióticos.
Los
prebióticos son ingredientes no digeribles de los alimentos que estimulan el crecimiento o la actividad de un limitado grupo de bacterias en el
colon. Según Mateos, entre los
prebióticos hay diferentes tipos de fibra, que se añaden a productos como la leche, los yogures, flanes y margarinas. Estos compuestos son sustancias sobre las que actúan las bacterias del intestino grueso, originando ácido láctico y ácidos grasos que estimulan el crecimiento de las bifidobacterias y equilibran la flora intestinal.
"Los
probióticos son alimentos que contienen microorganismos vivos que, al ser ingeridos en cantidades suficientes, ejercen un efecto positivo en la salud, más allá de los efectos nutricionales tradicionales", afirma Mateos. Este grupo incluye los microorganismos del yogur (Lactobacillus bulgaricus y Streptococcus thermophilus) y los de otras leches fermentadas de nueva generación (Bifidobacterium y L. casei).
Para el director de Nusa, la principal diferencia es que los
probióticos deben sus efectos saludables a los microorganismos vivos que contienen, mientras que en los
prebióticos los efectos derivan de la presencia de determinada fibra que favorece in situ el desarrollo de la flora intestinal beneficiosa.
"Un efecto que producen los
probióticos es la atenuación de la intolerancia a la lactosa, lo que convierte al yogur en la fuente nutritiva de los pacientes con intolerancia a la lactosa", indica Mateos. Además, presentan efectos preventivos y terapéuticos contra la
diarrea, el
estreñimiento y el
tránsito intestinal.
¿Qué hace cada componente?
Éstos son los nutrientes y componentes alimentarios que tienen propiedades funcionales.
- Fibra dietaria: los alimentos con fibra regulan el equilibrio bacteriano, mejoran el tránsito intestinal, diluyen agentes carcinogénicos, aumentan la excreción de sales biliares, reducen el colesterol plasmático y regulan la glucemia.
- Antioxidantes, vitaminas A/E/C, xantofilas y flavonoides: eliminan los radicales libres, de esta manera protegen contra el daño oxidativo celular y el consecuente envejecimiento, e inhiben la peroxidación lipídica.
- Bacterias ácido-lácticas: mejoran la digestión de la lactosa, aumentan la absorción de calcio y estimulan el sistema inmunitario.
- Ácidos grasos omega 3: reducen los triglicéridos y el LDL-colesterol, reducen la agregación plaquetaria y estimulan el sistema inmunitario.
- Folato y micronutrientes Se/Fe/Cu/Zn/
- Mn/Ca: tienen cofactores enzimáticos y estimulan el sistema inmunitario.
- Aminoácidos, triptófano, tiramina, glutamina, arginina y cisteína: poseen un efecto hipnótico y sedante, mejoran la memoria, recuperan la fatiga mental, estimulan el sistema inmunitario y ralentizan el proceso de envejecimiento.
- Cafeína: este componente estimula el sistema nervioso central.
¿Por qué hay que incluirlos en la dieta?
"El uso de funcionales en la alimentación abre interesantes perspectivas para la salud —afirma José Antonio Mateos—. En el caso de los
probióticos, es importante recordar que también tienen carácter preventivo".
Según el director del programa NUSA, incluir los
alimentos funcionales en la
dieta es una forma de que determinados grupos de riesgo, como los niños, las embarazadas y los ancianos, puedan tener una alimentación más adaptada a sus necesidades. Uno de los efectos beneficiosos de los
probióticos para estos grupos de población es la actuación sobre los mecanismos naturales de defensa del organismo.
"Aunque los estudios han demostrado que el patrón de la
dieta mediterránea es ideal, el 50 por ciento de la población española no sigue un modelo de alimentación correcto, de ahí la necesidad de complementar sus carencias con este tipo de productos", explica.
¿Son realmente eficaces?
La oferta de
alimentos funcionales para uso corriente cada vez es más amplia, ¿es sólo un reclamo para los ciudadanos que están interesados por la salud o realmente funcionan? Según José Antonio Mateos, un aspecto que puede haber contribuido a aumentar el interés por este tipo de alimentos es que hay una mejor información nutricional en el etiquetado, unido al reconocimiento social de la importancia de la alimentación en el control de un buen estado de salud.
"Aunque haya diversidad de opiniones, las evidencias científicas halladas hasta el momento, respaldan la capacidad de los
alimentos funcionales", asegura Mateos. Él advierte de que es importante destacar la necesidad de realizar una selección cuidadosa de las cepas más eficaces. "En el caso de los probióticos, las pruebas in vitro e in vivo son esenciales para determinar sus efectos en el organismo y poder utilizarlos de forma óptima".
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