Hay una pregunta que científicos e investigadores de las disciplinas más variadas se han planteado desde tiempos inmemorables: ¿por qué envejecemos? La respuesta no es sencilla y los mecanismos implicados aún continúan estudiándose, pese a que existen importantes certidumbres al respecto.
La teoría de los
radicales libres (
estrés oxidativo) desarrollada por el americano Denham Harman en la Universidad de Nebraska en 1956, es hoy día la más famosa y aceptada, además de ser uno de los puntos de referencia para entender el proceso de
oxidación celular y su implicación en el
envejecimiento. El
estrés oxidativo es el desequilibrio que existe entre la acción de los
radicales libres y las defensas de nuestro organismo para hacerles frente: los
antioxidantes. "Con el tiempo esta defensa antioxidante se pierde, algo que se debe al hecho de que las diferentes enzimas del organismo, esenciales en el proceso oxidativo, disminuyen con la edad", de modo que se produce un exceso de estos radicales libres que no puede ser contrarrestado porque las sustancias antioxidantes son insuficientes. Así lo expuso José Sabán, jefe de la Unidad de Patología Endotelial del Hospital Ramón y Cajal de Madrid, durante la celebración del Seminario Minute Maid para medios de comunicación "Antioxidantes, más de 4.000 formas de cuidar la salud", celebrado recientemente con el aval científico de la Academia Española de Dermatología y Venereología (AEDV), la Asociación Nacional de Informadores de la Salud (ANIS) y la Sociedad Española de Endocrinología Nutrición (SEEN).
La consecuencia directa de la acción de los
radicales libres es el
envejecimiento celular, que acelera los procesos de desgaste de las diferentes células y tejidos; en particular, sufren especial daño el endotelio vascular, la neurona y el tejido cutáneo. Se calcula que entre el 80 y el 90 por ciento de las patologías lleva en el organismo del paciente asociado un estrés oxidativo; procesos asmáticos, inflamatorios y oncológicos, diabetes, alteraciones hepáticas, enfermedades neurodegenerativas, etc.
Se puede prevenir
A pesar de los efectos nocivos del
estrés oxidativo, los especialistas coinciden en que se puede prevenir, pero ¿cómo? Los expertos responden que uno de los métodos más eficaces es adoptar hábitos de vida saludable. Y es en este ámbito donde la nutrición se convierte en el principal eslabón de la cadena
antienvejecimiento.
El problema que nos encontramos en la actualidad es que las pautas alimentarias de la población han ido evolucionando con el paso de los años hasta llegar a una situación en la que las deficiencias y excesos en la alimentación son mayores ahora que en cualquier otra época, según se puso de manifiesto durante la reunión. "Muestra de ello es la cifra de obesidad en la población infanto-juvenil (15 por ciento). Cuando esta población llegue a adulta se transformará en aproximadamente un 40 por ciento de personas con problemas asociados a la
obesidad, por lo que hay muchas probabilidades de que la nueva generación viva menos que la de sus padres", argumentó Francisco Tinahones, jefe del Servicio de Endocrinología del Hospital Virgen de la Victoria de Málaga.
La nutrición también provoca oxidación, aclaró Tinahones, y el controlarla depende de cada uno. La ingesta de grasas, por ejemplo, contribuye a un aumento de ese proceso oxidativo. Por todo ello hay que saber qué alimentos ingerir. Los más adecuados para frenar esta acción son los ricos en sustancias antioxidantes, entre los que el experto destacó: aceite de oliva virgen, frutos secos como las nueces, ajo, cebolla (la morada, sobre todo), espinacas, tomates, legumbres, repollo y todo tipo de coles, zanahorias, cítricos, uvas (contienen más de 20 oxidantes) y té verde, entre otros.
Muchos de estos productos son ricos en
polifenoles, unas sustancias químicas presentes tanto en las plantas —donde actúan como elemento protector— como en los alimentos, a los que proporcionan color, sabor… actuando como estabilizadores, aclaró Cristina Andrés-Lacueva, profesora de Nutrición y Bromatología en la Universidad de Barcelona. No obstante, la profesora especificó que la absorción de los polifenoles por el organismo depende de varios factores. La matriz que rodee al producto (leche, agua…) puede interferir en esta absorción, y también influye la biodisponibilidad de cada individuo.
Uno de los
polifenoles que ha tenido más repercusión mediática y enorme calado entre la población en los últimos años es el
resveratrol, presente en las uvas. Sin embargo, los ponentes de este encuentro coincidieron y se mostraron cautelosos respecto a sus beneficios y aunque afirmaron que su potencial es enorme, manifestaron que aún queda por investigar.
Por último, se destacó la importancia de la práctica de ejercicio físico como complemento de la dieta.
Sustancias químicas con poder antioxidante
Los
polifenoles son los
antioxidantes más abundantes en la dieta. Su ingesta dietética total podría ser de hasta 1g/día, que es mucho más alta que el de todas las demás clases conocidas de fotoquímicos y antioxidantes en la dieta. Su consumo es diez veces superior a la ingesta de vitamina C y 100 veces mayor que la ingesta de vitamina E y carotenoides. Su principal fuente alimentaria son las frutas, verduras, café, vino tinto, cereales, chocolate negro y las legumbres secas. Cristina Andrés-Lacueva aseguró que diversos estudios epidiomelógicos han puesto de manifiesto que las personas que consumen muchos polifenoles tienen un riesgo menor de cardiopatía isquémica y de enfermedad cerebro-cardiovascular.
En realidad el consumo de alimentos variados con diferentes tipos de
antioxidantes permite que aflore la sinergia de acción que se produce entre las distintas sustancias. En estos casos, el efecto antioxidante es superior al de la suma de cada componente de forma individual: si un antioxidante tiene su capacidad duplicada y otro triplicada, el efecto de tomar ambos no es de cinco, sino de seis u ocho. El patrón alimentario que mejor cumple todo esto es la dieta mediterránea. Sin embargo, pese a que ésta se ha considerado el modelo alimentario de los españoles, hoy día nuestra forma de alimentarnos "se parece más a la anglosajona que a la mediterránea", apuntó el doctor Tinahones.
La piel: el mejor "detector de la edad"
Cuando se aborda el
envejecimiento, ineludiblemente se atribuye a la piel el papel de "detector de la edad y, de hecho, las células del tejido cutáneo, al igual que las del resto del organismo acusan los efectos de la oxidación". "La piel es un órgano muy especial porque a través de ella se puede apreciar tanto el envejecimiento normal como el acelerado", explicó, en el marco del seminario, Pedro Jaén, jefe del Servicio de Dermatología del Hospital Ramón y Cajal. El primero es el que sufre cualquier persona de forma fisiológica, mientras que el acelerado se produce a causa del fotoenvejecimiento (cuando la dermis se somete a una exposición solar prolongada y excesiva). Este fenómeno es difícil de ver en otros órganos, aclaró el doctor Jaén.
A la hora de establecer diferencias entre una piel joven y otra que no lo es se aprecia que las de menos edad retienen mejor el agua. La solución para paliar este efecto al llegar a la madurez no se encuentra en incrementar la ingesta de este líquido, sino en recurrir a la aplicación de productos que impidan su pérdida y que estimulen, entre otras cosas, el colágeno.
Genética, hormonas y tabaco son también factores involucrados en el envejecimiento cutáneo.
Paliar el paso del tiempo sobre la piel es una ardua labor. Normalmente se recurre a la cosmética, pero según Jorge Soto, profesor titular de la Universidad del País Vasco, la misión principal de estos productos es hidratar. Lo que no está mal, si esta acción se complementa con un protector solar.
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Estar BIEN 2010 - Julio 2010
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