A principios del siglo pasado la industria alimentaria empezó a utilizar un método barato, ideal para el cocinado, que creaba una grasa estable y prolongaba la conservación de los alimentos, además de proporcionarles una excelente palatabilidad. Este proceso, que en su momento fue considerado casi como la panacea de determinados productos alimentarios, es la hidrogenación.
Una técnica artificial que se basa en añadir hidrógeno a los aceites vegetales obteniendo su solidificación. El resultado es una sustancia con unas cualidades especiales que la han convertido en uno de los ingredientes básicos a la hora de elaborar determinados productos, especialmente alimentos precocinados, margarinas, bollería o ciertos snacks, como las patatas fritas.
Si bien en un principio, este descubrimiento se veía con buenos ojos por sus claros beneficios industriales, con el tiempo se ha demostrado que estas bondades no son extrapolables a la salud del organismo. Cuando la hidrogenación se hace de forma parcial se generan los famosos ácidos grasos trans de los que hay numerosos estudios sobre su incidencia negativa en el cuerpo humano.
De hecho, se ha demostrado que si el consumo de éstos supera el dos por ciento de la ingesta calórica total aumenta el riesgo de enfermedad coronaria, el LDL (colesterol malo) y los triglicéridos, disminuyendo el HDL (colesterol bueno), y favorecen la acumulación de la grasa abdominal, tal y como explicó Francisco José García Muriana en el marco del II Encuentro Eroski Salud y Nutrición: las grasas trans.
Por otra parte, estos ácidos grasos trans (AGt) se originan de forma natural en el sistema digestivo de los rumiantes por eso están presentes también en la leche y productos lácteos procedentes de estos animales, así como en determinadas carnes y derivados (carne de res, sebo vacuno, paletilla de cordero, embutidos de vacuno o salchichas, entre otros). Aunque esto sea así, García Muriana matizó que la cantidad y calidad de grasas trans no es la misma en la carne y leche de rumiantes (2-5 por ciento), que la presente en aceites vegetales parcialmente hidrogenados (40-60 por ciento). No obstante, según el último informe científico de la Agencia Española de Seguridad Alimentaria (Aesan) los riesgos cardiovasculares no están demostrados en AGt de origen natural.
La respuesta de las distintas administraciones no se ha hecho esperar. En España se aprobó recientemente la Ley de Seguridad Alimentaria y Nutrición que por un lado en su artículo 40, prohíbe la venta en escuelas infantiles y centros escolares, de alimentos y bebidas con un alto contenido de ácidos grasos transgénicos junto a otros ingredientes; y por otro, como se especifica en el artículo 43, se insta a minimizar su uso en los procesos industriales. En el Parlamento Europeo han ido más allá y en el nuevo Reglamento de Información al Consumidor, consensuado en el mes de julio, los envases tendrán que indicar si los aceites vegetales utilizados como ingredientes han sido parcial o totalmente hidrogenados, según manifestó a Estar Bien, Andreu Palou, ex-vicepresidente del panel Científico de Nutrición de la EFSA.
Acciones positivas
Estas soluciones constituyen una buena noticia para los ciudadanos, al igual que los esfuerzos realizados por la industria alimentaria. En declaraciones a Estar Bien, el Comité de Expertos Info-Aperitivos de la Asociación Nacional de Fabricantes de Patatas Fritas y Productos de Aperitivo (AEPA), afirma que "los aceites vegetales utilizados en los productos de aperitivo no contienen AGt". Sin embargo, en opinión del profesor Palou no se puede generalizar tanto: "Aunque sí creo —continúa—, que estos artículos tienen cada vez menos ácidos grasos trans. De hecho, en el último informe del comité científico de la Aesan, constatamos que la mayoría de los elementos analizados (bollería, cereales, aperitivos, patatas fritas, galletas, chocolates, cremas de cacao, margarinas, paté y embutidos, entre otros) mostraban menos del uno por ciento de estas grasas". Por su parte, la Federación Española de Industrias de la Alimentación y Bebidas (FIAB) reiteró a esta publicación los esfuerzos realizados por el sector. "La mejora de los procesos industriales para la eliminación de grasas trans es algo que se está realizando desde hace años".
Uno de los ejemplos más destacados es la labor de las margarinas que ya en los años 90 redujeron la presencia de este ingrediente, de modo que actualmente todas las de mesa del mercado apenas contienen menos del uno por ciento. Por tanto, se puede decir que eso de que "las margarinas llevan trans es un mito", concluye Palou.
Proteger el corazón
Para mantener un corazón sano hay que evitar en la medida de lo posible el consumo de grasas, especialmente las transgénicas. Con el paso de los años los lípidos tienden a acumularse en las paredes de las arterias produciendo un fenómeno conocido como ateroesclerosis. Si la alimentación es inadecuada a lo largo de los años, este fenómeno sigue un proceso evolutivo que puede desencadenar en una aterotrombosis, una patología vinculada a síndromes coronarios agudos, accidentes cerebrales isquémicos e isquemia (reducción del flujo sanguíneo) aguda de miembros inferiores. El principal problema de este proceso es que se produce de forma silenciosa, comenta el doctor Leandro Plaza, presidente de la Fundación Española del Corazón (FEC), por eso es importante tomar medidas de concienciación y prevención entre la población, máxime cuando se ha comprobado que "si se disminuye su consumo se reduce el riesgo de enfermedades cardiovasculares", apunta García Muriana.
En cifras
-El consumo estimado de ácidos grasos trans en España (ingesta per cápita) es de 1,5 g. Cifra que comparte con Grecia e Italia y que constituye una de las más bajas de Europa.
-La recomendación nutricional respecto al consumo de estas grasas (porcentaje de la ingesta calórica total) es de <1% lo que supone <2 g/día.
El consumo excesivo de aceites vegetales parcialmente hidrogenados es el noveno factor de riesgo de muerte prematura en Estados Unidos.
-Tomarlos aunque sea de forma moderada (2% de la ingesta calórica total= 3-4 g/día) aumenta un 23 por ciento la incidencia de enfermedades cardiovasculares.
-En lo que respecta al etiquetado, según un informe realizado recientemente por la empresa de alimentación Grefusa, el 71 por ciento de los consumidores cree que conoce lo que come, aunque sólo algo más del 40 por ciento consulta la información en los envases.
Autora: Teresa Rey
Fuente: www.estarbien.com
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Etiquetas: Medicina Biológica, Medicina Dietética y del Sobrepeso
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