En realidad, se trata de la sucrosa, que es el producto blanco y cristalino que se obtiene al refinar el azúcar de caña o de remolacha.
La única técnica de blanqueo que existe para el azúcar y, muy económica por cierto, es blanqueando el azúcar con ácido sulfúrico (si, no me equivoco, ¡con ácido sulfúrico!), en una solución del jugo de la caña o de la remolacha, dejando que actúe, para luego decantarlo y evaporarlo, haciendo posteriormente un lavado. Se repite el proceso cuantas veces sea necesario, hasta que conseguimos que los cristales de azúcar estén transparentes. El fenómeno consiste en que una vez finalizado el proceso de limpieza y blanqueo, nos encontramos con que el azúcar al final no contiene ni minerales, ni oligoelementos, sólo sacarosa pura y simple.