Sin él, no podemos vivir. De hecho, hoy en día sabemos que con el tiempo, nuestras arterias son menos eficientes en su misión de transportar el oxígeno a nuestros tejidos y por tanto a nuestras células, de manera que son una de las causas que producen el envejecimiento celular.
Cuando nuestro organismo se va sometiendo a una disminución crónica de oxígeno, aparecen fenómenos como disminución de la capacidad de concentración, cansancio, pérdida de memoria, pérdida de los reflejos, etc.
Un factor común a las enfermedades modernas que padecemos en la actualidad es la falta de oxígeno celular. Hay multitud de factores que inciden en este fenómeno de falta de oxígeno en nuestros tejidos. Por un lado el stress, producido por un exceso de actividad del sistema nervioso simpático, de manera que se produce una disminución del calibre de los vasos, lo que llamamos una vasoconstricción. Por otro lado un aumento del metabolismo celular, que aumenta entre otras cosas nuestras necesidades de oxígeno. Después podríamos sumar la contaminación del aire que respiramos, lleno de sustancias nocivas y especialmente del plomo de la gasolina.
Nos hemos vuelto muy sibaritas y hoy en día cada vez son más los hogares y oficinas que tienen aire acondicionado, que poluciona más el aire que respiramos y disminuye el oxígeno. Cada vez dormimos menos horas, salimos más de noche, descansamos menos. Hacemos menos ejercicio.
Nos hemos habituado a tomar estimulantes, como el tabaco, el café, el alcohol, que minan nuestras células y que disminuyen el oxígeno.
Consumimos alimentos industrializados, con multitud de hormonas, aditivos, con poco valor nutritivo. Nos ocupamos de comer, no de nutrirnos.