Respirando, introduciendo oxígeno, el 95 % de éste es utilizado por las células para la producción de energía, el resto es el que origina los radicales libres.
En condiciones de esfuerzo y en ejercicios duraderos se consume un valor de oxígeno de doce a veinte veces superior al de una persona sedentaria (Brooks GA, Fahey TD, Exercise Physiology – New York – John Wiley and sons 1984). Este consumo mayor de oxígeno en los momentos de mayor esfuerzo es el responsable de una hiperproducción de radicales libres, con el consiguiente daño celular de tipo oxidativo (stress oxidativo) por tanto, el corazón, los vasos, el cerebro, los pulmones y todos los órganos y tejidos de los atletas están constantemente sometidos a la amenaza de los radicales libres.
Un organismo joven, con buena salud y bien entrenado, se defiende aumentando la producción y la actividad de los sistemas enzimáticos endógenos (superóxido dismutasas, glutation peroxidasas y catalasas), que neutralizan en parte los radicales libres producidos, ayudados también por las vitaminas E y C, el beta-caroteno, minerales (Zn, Se, Cu) y otras sustancias antioxidantes.